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Hola, ¿qué tal estás?

Hoy quiero hablar de un tema que me toca el corazón y sobre el que ahora mismo giran una buena parte de mis pensamientos diarios.

Mi marido y yo somos padres y en este momento vivimos la etapa de la adolescencia con nuestros dos hijos, estamos en ese período de acompañamiento y en ocasiones guía para una adolescente en la etapa “media” (edades comprendidas entre los 14 y 17 años) y para un adolescente que entra de lleno en una adolescencia “temprana” (entre los 10 y los 13 años).

Cuando me refiero al acompañamiento es porque ya no son niños y necesitan asumir algunas responsabilidades y demostrar que son independientes para su propio cuidado (eligen su estilo al vestir, sus gustos musicales, a sus compañeros de ocio) pero les falta organización, sus hábitos alimenticios a veces dejan mucho que desear y tenemos que rallarnos con esa información que conocen de sobra: “necesitas dormir al menos ocho horas”, “come sano y variado, no dejes de darte caprichos pero cuida tu cuerpo”.

Por supuesto que son conscientes de que todos esos consejos que al recibir de nuestra parte les agobian son por su bienestar, pero se sienten empujados a establecer un mayor espacio personal y mantener una distancia física y psicológica principalmente con nosotros que se los damos desde siempre.  Aunque no nos guste somos parte de ese mundo infantil que poco a poco van dejando atrás y simplemente por eso creen no necesitar lo que de nosotros les llega.

Reconozcamos que si hemos sido constantes y hemos pactado y aplicado sabiamente la autoridad es apasionante ver cómo se convierten en personas maravillosas, autónomas, dispuestas a implicarse con temas de lo más variados; nos enseñan con su juventud una vida fresca, renovada y llena de ilusiones y proyectos, en la cual nos quieren a su lado no como una carga en su mochila sino como un bastón en el que apoyarse para descubrir este mundo complejo en el que deben buscar su hueco.

Esta parte que nos toca en el proceso de maduración y que terminará en su juventud o continuará  en algunos casos durante su vida adulta en ocasiones no es muy grata. Sus emociones van y vienen, tienen momentos de auténtico caos ,no saben si reír o llorar aún en el caso de que como marca el título, su adolescencia sea totalmente normal y no lleven asociadas situaciones que agraven este proceso de tránsito.

En un instante pasamos de una conversación relajada a un tema que toca su fibra sensible y ante el que se muestran defensores vehementes, incluso no admiten otros puntos de vista, dan más valor a lo que opina su grupo de referencia, sus amistades. En el mejor de los casos discutirán acaloradamente, en el peor se retraerán e intentarán castigarnos con el mutismo, ni una palabra más.

Nos toca de nuevo equilibrar la balanza, ese es nuestro cometido como adultos, tenemos que trabajar con sus y con nuestras emociones y contrarrestar esos cambios de humor, dar ejemplo con nuestro comportamiento, cometido difícil puesto que nosotros a su vez también vivimos inmersos en nuestra rutina, cansados de atender obligaciones y problemas cotidianos , afrontando nuestras propias frustraciones.

Afortunadamente, nosotros ya hemos recorrido antes el camino de la adolescencia; esa es la ventaja con la que contamos. Aprovechemos nuestra experiencia cuando fuimos adolescentes, lo que pensábamos, lo que sentíamos y pongámonos en su lugar para empatizar con lo que piensan y viven en este momento nuestros hijos e hijas adolescentes.

Nuestro mundo tal y como lo conocíamos ha cambiado y nada de lo que experimentamos antes nos había preparado para afrontar estos nuevos retos. Pero no pasa nada por reconocer ante nuestros adolescentes que a veces también nos sentimos sobrepasados, que no siempre sabemos lo que es correcto y que con frecuencia también nos equivocamos; al final, el respeto y el amor que nos profesan poco tiene que ver con la perfección, es preferible que la imagen que tengan de nosotros sea la de unos padres implicados y comprometidos con ellos; en conclusión, que no les fallarán y les acompañarán en las decisiones que tomen estemos de acuerdo con ellas o no.

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