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La palabra deriva del latín “ perfectio ” y significa “acción de dejar algo acabado”, reflejando una cualidad de algo que carece de errores o defectos y que aspira al más alto nivel de excelencia.

La noción de perfección conlleva la búsqueda de ideales en cierto modo utópicos. Si queremos manejar el perfeccionismo de un modo saludable es importante tratar de identificar y determinar el punto en el que algo está suficientemente bien.

¿Alguna vez has oído el comentario sobre lo excesivamente crítica que eres contigo misma?, ¿Tu necesidad de orden y control te lleva a gastar mucho más esfuerzo y energía del que dispones?, ¿Te propones muchas metas que te llevan a vivir en constante alerta y sufrimiento emocional?.

¿Cómo afecta el perfeccionismo a tu bienestar, autoestima y equilibrio emocional?

El perfeccionismo, entendido como rasgo de la personalidad desadaptativo, está relacionado e implicado en trastornos de la conducta alimentaria, ansiedad y depresión (Egan, Wade & Shafran, 2011).

También se halla presente en personas con trastorno obsesivo compulsivo (Frost & Steketee, 1979), ansiedad social (Juster & Leung 1999), en el trastorno de pánico (Wood, Caro-Vindel &Salguero. 2015) y predice la ideación suicida (Beevers & Miller, 2004).

Detrás del perfeccionismo se esconde el temor a dejarse ir, a descontrolarse y dejar de ser una misma. Sin embargo, la rigidez y el control excesivos provocan que nos agotemos y que perdamos la sintonía con nuestros valores y con nosotras mismas.

El deseo de estar siempre mejorando, de ser perfectos es un camino seguro hacia la infelicidad y la insatisfacción.

Las nuevas generaciones tienen la presión de unas expectativas muy altas sobre sí mismas y el triunfo, lo que podría explicar que exista más malestar emocional.

Thomas Curran advirtió en una entrevista a BBC Future de los peligros de dar una excesiva importancia a los éxitos académicos: “ Si el foco está en los resultados, los niños/as desarrollan aversión a equivocarse” declaró. “Si interiorizan la idea de que solo podemos definirnos en términos de resultados, será el inicio de una tendencia al perfeccionismo”.

De igual forma, los premios y castigos para regular el comportamiento de los más pequeños pueden tener el mismo efecto. Si te alaban cuando haces algo bien, pero no cuando lo intentas pero no te sale, pronto aprenderás que solo existes y tienes aprobación cuando tienes éxito, explica Curran.

Los estudiosos de los procesos de cambio saben que éstos tienen lugar poco a poco. La experiencia demuestra lo difícil que resulta cambiar de esquemas mentales y conductas arraigadas de inmediato. Hay que entender que este proceso no es lineal y que a veces podemos sentirnos más seguros en los antiguos hábitos que queremos dejar atrás.

A continuación, enumero los rasgos que definen a la persona perfeccionista:

– La “autocrítica constante”: Cuando no obtiene un sobresaliente o alguien le critica y no acepta como válida su opinión, tiende a hundirse. Esto ocurre porque identifica lo que hace con lo que es.

La incapacidad para dar por finalizados los proyectos. Siempre enredados en un proyecto, lo que provoca que se quemen antes.

Intentar la perfección en las relaciones sociales. Quien vive intentando ser perfecto para los demás tiene un doble problema. Son personas que acaban agotadas luchando todo el tiempo contra sí mismos, porque es imposible no cometer errores.

Dificultades para enfrentarse a los problemas. Ante situaciones complicadas el perfeccionista intenta evitarlas. Estrategias de huida que a corto plazo parecen que eliminan el problema pero tiende a acumularlos y acrecienta la sensación de insatisfacción y frustración.

Necesidad de dominar la situación. Tenerlo todo bajo control, obsesionados porque las cosas se ajusten a sus esquemas, planificando todo al detalle y centrando su pensamiento en la meta.

Excesivo sentido de responsabilidad, que hace que sean incapaces de decir que no ante propuestas de amigos, familiares y compañeros. Acaban tan ocupados que para cumplir en muchas ocasiones sus obligaciones necesitan un día con más de veinticuatro horas.

Para hacer frente al perfeccionismo lo primero es identificarlo, después es necesario actuar:

Identifica la presencia de “deberías”, la voz de tu crítico interior que indica ciertas creencias irracionales, un pensamiento rígido y cambia estas expresiones por “ me gustaría…” ,”preferiría…”

Limita el pensamiento en términos de todo o nada, otra distorsión. Todo es mejorable, pero disfruta del proceso no lamentando que podría ser mejor.

Planifica tus metas en submetas ya que aumentarán tu percepción de eficacia siendo más flexible y realista en tus proyectos.

Aumenta tu tolerancia a la frustración, ya que es una capacidad necesaria en el proceso de aprendizaje. Los errores son una parte del crecimiento y aprendizaje en la vida, nos dan información para rectificar y mejorar.

Enfócate en lo positivo y que no te detengan los pensamientos catastrofistas.

Céntrate en lo que te gustaría conseguir y no te muevas sólo por lo que temes o evitas.

Separa las críticas de lo que haces de tu valoración como persona. Practica la autocompasión. Según la profesora Kristin Neiff, pionera en este estudio y autora del libro” Sé amable contigo mismo” (Paidós): Al contrario que la autocrítica que te pregunta si eres lo suficientemente bueno, la pregunta de la autocompasión es : ¿Qué es bueno para mí?.

La compasión hacia una misma es , según esta profesora de la Universidad de Texas, la capacidad de tratarnos tal y como trataríamos a un amigo querido que está pasando por un mal momento. Aprender a darnos bondad, afecto y ternura cuando sufrimos.

Descubrir que podemos estar de nuestra parte en lugar de criticarnos, rechazarnos y maltratarnos.

La propuesta es: no tienes que ser perfecto para ser digno de ser amado o bien tratado.

Me gustaría terminar con una cita de la cantante de música pop Ariana Grande:

“Sé feliz siendo tú. Ama tus defectos. Sé dueño de tus peculiaridades, y debes saber que eres tan perfecto como cualquier otra persona, exactamente como eres”.