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Hola, ¿qué tal estás?,

Es sábado y está lloviendo con lo cual es el momento perfecto para escribir por ejemplo de algo que me llama mucho la atención: ¿os habéis fijado que todos cargamos con una mochila más o menos pesada de obligaciones, responsabilidades y lo que a veces es peor de pensamientos, sentimientos o emociones negativas?

En nuestro día a día nos vamos encontrando con gente que en sus conversaciones transmiten con bastante frecuencia el peso de una forma de pensar sesgada hacia lo negativo, y que, de modo inconsciente, por medio de las emociones o en su propio lenguaje corporal, nos llevan a sentir y pensar más o menos como ellos; a su lado nos podemos sentir quizás incómodos y lo más seguro deseosos de evitarlos.

Veamos en qué consisten esos pensamientos negativos más comunes, que a veces todos hemos sufrido y que son un problema cuando nos perturban de continuo.

Los más comunes son:

– Pensamiento en “blanco o negro”, rígido e inflexible, generalmente las cosas malas que nos pasan son culpa nuestra y se utilizan expresiones como: “Esto solo me pasa a mí”, “No voy a aprender esto nunca”…

– Leer en la mente de los que nos rodean, inferir que los demás están pensando mal de nosotros como tendencia en lugar de preguntar o intentar comunicar con esas personas acerca de lo que piensan de nosotros.

– Miedo al qué dirán, adaptándonos a cada situación, no siendo nosotros mismos, con tal de agradar a todo el mundo. El problema llega cuando esa necesidad de sentirse valorado y aceptado supera nuestros límites y se convierte en una preocupación añadiendo pensamientos recurrentes que nos inmovilizan para actuar.

– Minimizar nuestros logros, aciertos, y pensar que han sido fruto del azar, de lo que nos rodea y no de nuestra actuación. Peligrosa combinación si cuando algo sale mal nos lo atribuimos siempre a nosotros mismos, y no dejamos espacio para otras variables como el entorno, los que nos rodean o el papel de la suerte que antes no nos dejaba disfrutar de nuestros éxitos.

– Cuando llegamos a los insultos, “es un idiota», «si no sé hacer esta tarea soy un estúpido”… descargamos nuestra negatividad, expresamos la ira verbalizando lo que sentimos.

El problema viene cuando interiorizamos esas expresiones y acabamos creyendo en nuestro interior que es así y que no valemos para nada, que no podemos probar cosas nuevas o que efectivamente el que está a nuestro lado no merece nuestra comprensión o compañía porque esos pensamientos nos condicionan.

– El catastrofismo desde el punto de vista de la Psicología se entiende como un pensamiento negativo que nos lleva a imaginar las peores situaciones, lo cual nos lleva a escuchar en nuestro interior a toda una serie de creencias que afectan a nuestra actitud frente a la vida, a nuestro comportamiento y a nuestras decisiones:” No voy a hacer ese viaje a pesar de que mis amigos irán porque el avión puede sufrir un accidente, es mejor quedarme por aquí cerca por si acaso”.

Por supuesto, existen muchos más pensamientos negativos, aunque yo he preferido hablar hoy de éstos ya que me identifico con algunos de ellos.

Aquí llega la parte más interesante de todo lo hablado porque se estima que tenemos cerca de 60.000 pensamientos diarios y la mayoría son negativos, repetitivos y no del momento presente.

La terapia cognitiva conductual puede ayudarnos, primero a detectarlos y después a reemplazarlos por pensamientos más acertados y adaptativos.

Por supuesto, el primer paso antes de acudir a terapia es detectar que nuestra forma de pensar interfiere en nuestra vida cotidiana. Es necesario para cambiar esta forma de pensar practicar durante un tiempo ciertas técnicas que nos ayudarán a conseguir un pensamiento más saludable y a sentirnos más satisfechos con nosotros mismos.

A veces el pensamiento saludable por sí mismo no es suficiente para ayudar a ciertas personas que sufren una ansiedad muy alta. En ese caso es mejor contar con un buen profesional .