685 73 52 27

La meta cuando hablamos de la crianza adecuada es llegar a preparar a nuestros hijos e hijas para que sobrevivan de forma independiente en la edad adulta. Para que lleguen a ser autosuficientes, no solamente desde el punto de vista económico, sino también intelectual y psicológico.

Cuando he comenzado esta reflexión recuerdo una frase que escribió Nathaniel Branden en su libro Los seis pilares de la autoestima ;Nathaniel es un auténtico experto en este tema : “La paternidad consiste en dar a tu hijo primero raíces (para crecer) y luego alas (para volar).

Stanley Coopersmith intentó por medio de un estudio identificar las conductas que usaban con más frecuencia los padres/las madres cuando sus hijos/as manifestaban una autoestima sana.

¿Cómo podemos definir o confirmar que una persona tiene una sana autoestima?, una persona que disfruta de la vida, muestra interés por el mundo que le rodea, participa y da su opinión, expresa sus sentimientos siendo consciente de poder recibir críticas. Esta misma persona se siente mejor siendo vitalista y actuando, tratando a los demás con respeto y aceptación de las diferencias.

En el estudio Coopersmith no halló correlaciones significativas con factores como la riqueza familiar, la educación, la zona geográfica, la clase social, la profesión de los padres o el hecho de que uno de los progenitores estuviera en casa.

Lo que encontró fua la importancia de la calidad de la relación entre el hijo/a y los adultos importantes de su vida.

En concreto, encontró cinco condiciones asociadas a una alta autoestima en los niños/as:

1- El niño /a experimenta una total aceptación de los pensamientos, sentimientos y el valor de su propia persona.

2- El niño/a funciona en un contexto de límites, definidos, justos, no opresores y negociables. No se da una libertad ilimitada y por tanto, puede experimentar una sensación de seguridad.

3- El niño/a experimenta respeto hacia su persona. Los adultos no utilizan la violencia, la humillación o el ridículo para controlar o manipular. Los padres están dispuestos a negociar las reglas familiares dentro de límites fijados. Se pone énfasis en la recompensa y refuerzo de la conducta positiva. Mostrando interés por la vida social del hijo/a, por su vida académica y estando disponibles para hablar cuando el niño/a lo necesita.

4- Los adultos tienen normas y expectativas por lo que respecta al comportamiento y al rendimiento de sus hijos/as. No son ni demasiado altas ni se muestran carentes de interés por el futuro de los niños/as.

5- Los propios adultos encargados de la crianza tienen una autoestima equilibrada y el niño/a ve ejemplos de lo que tiene que aprender.

De todos modos, la conclusión del estudio insiste en que la conducta de los padres no determina por completo el curso del desarrollo psicológico de los niños/as. Tomamos decisiones a lo largo de nuestra vida que tienen consecuencias sobre el tipo de personas que llegamos a ser y el nivel de autoestima es un concepto flexible, cambiante y que se adapta a nuestro momento presente.

Al comienzo de su vida el bebé, al ser tan dependiente, tiene necesidades básicas por lo que se refiere a la conducta de los padres demanda seguridad física y emocional. En este nivel se sientan las bases para que los pequeños/as aprendan a confiar en los demás.

Mediante los experimentos con bebés sabemos que el tacto es esencial para el desarrollo sano del niño/a. Mediante el tacto enviamos una estimulación sensorial que ayuda al niño/a a desarrollar su cerebro y también expresamos amor, apoyo, protección.

Los niños/as que crecen con escasa experiencia de contacto a menudo crecen con un profundo dolor en su interior, dolor que es difícil de asumir y que normalmente se reprime, bien evitando el contacto íntimo con otras personas (expresando sentimientos de temor y falta de valía) o por medio de la promiscuidad sexual en un esfuerzo inconsciente por curar heridas, pero desde la humillación.

Cuando tratamos aun niño/a con amor tiende a interiorizar este sentimiento y a experimentarse a sí mismo/a como alguien digno de cariño. El amor se expresa por la expresión verbal, por los cuidados que damos.

Tenemos que estar muy atentos porque el amor no se siente como algo real cuando siempre se vincula al rendimiento, a la conformidad con las expectativas de los adultos y se retira de vez en cuando para manipular la obediencia. El amor no se siente cuando se reciben mensajes sutiles del tipo: “No eres suficiente”-

La aceptación, como actitud de los padres es útil para el desarrollo sano del niño/a; la experiencia de que su naturaleza, su temperamento, intereses y aspiraciones son aceptados tanto si sus padres los comparten como si no.

Un niño /a que recibe respeto de los adultos tiende a aprender a respetarse a si mismo/a.

Sentirse visible, observado, escuchado con atención. En psicoterapia, es frecuente el dolor de la invisibilidad en la vida familiar cuando se recuerda la infancia y es un factor central en los problemas de desarrollo y de inseguridades en las relaciones que se mantienen de adultos. Por ejemplo: si un niño/a viene de clase y cuenta con tono triste que no ha podido participar en un juego, la madre o el padre se pondrá en su lugar, empatizando con su sentimiento: “Entiendo que te haya dolido”. El niño/a se siente visible. Sin embargo. imaginemos la misma situación y una respuesta adulta del tipo:” Eso que me has contado no serán imaginaciones tuyas, o algo habrás hecho mal para que no cuenten contigo”.

El elogio y la crítica. A veces, un elogio inadecuado puede ser tan perjudicial como una crítica inadecuada.

En psicoterapia se evita el elogio valorativo, porque crea ansiedad fomentando la dependencia y provocando una actitud defensiva. No propicia la confianza en uno mismo, ni el autocontrol. Tiende a crear “adictos a la aprobación”. En cambio, cuando respondemos de forma positiva y respetuosa a los esfuerzos del niño/a por expresarse a si mismo/a , estimulamos su autoafirmación.

En cuanto a la crítica, tiene que dirigirse solamente a la conducta, los hechos y nunca a la persona.

Por último, me gustaría terminar esta reflexión sobre la autoestima señalando la importancia que tienen las expectativas de los adultos.

Como ya hemos visto antes los adultos tienen normas y exigen a los niños/as que sean responsables por sí mismos. Promueven que aprendan, dominen los conocimientos y consigan una madurez cada vez mayor.

Hasta aquí todo correcto, pero debemos ser conscientes de que nuestras expectativas tienen que ajustarse al nivel de desarrollo del niño /a y respetar sus cualidades.

La forma en que respondemos los adultos cuando ellos /as se equivocan puede ser fatal para su autoestima. No debemos olvidar que cometer errores es una parte esencial de todo aprendizaje.

Enseñamos lo que somos. Tampoco es necesario dar a entender a nuestros hijos/as que somos perfectos, podemos admitir sin perder su respeto que también nos equivocamos.