685 73 52 27

Hola, ¿qué tal estás?

Ayer me encontraba en casa disfrutando de un día de descanso y un puente del Pilar atípico, en muchos aspectos. No me apetecía quedarme en casa pero tampoco quería salir demasiado lejos.

Después de años ocupada en el cuidado de mis hijos a tiempo casi completo, llegó a mí una sensación de libertad que me contagió entusiasmo, ganas de hacer cualquier cosa, igual hasta de no hacer nada. He descubierto que añoro la soledad, el momento para mí misma y que ahora sí me encuentro bien con mis pensamientos a solas. Sin embargo, no siempre fue así, de adolescente, de joven he ido buscando la compañía rodeada por mi familia, amigos, compañeros de estudios mi pareja, y finalmente la familia que ambos hemos creado.

La soledad esperada, tranquila y deseada requiere de nuestra aceptación de cómo somos, comprendernos a nosotros mismos y el aprendizaje de cómo seremos en el futuro. La creatividad suele estimularse en ausencia de distracciones, la espiritualidad nos llega en momentos de recogimiento. Cuando una persona acepta y disfruta de su soledad es menos probable que sus elecciones se vean afectadas por los intercambios con otras personas.

Los grandes pensadores desde la filosofía nos invitaron a que nos retiráramos del mundo para pensar con claridad y que después al volver pudiéramos apreciarlo.

Si buscamos una definición de soledad nos dirá que es la carencia de compañía, por supuesto implica la falta de contacto con otras personas…conlleva un sentimiento subjetivo y puede haber matices si es percibida de distintas formas según la persona.

A continuación, incluyo una cita del escritor Amos Oz: “Cada uno de nosotros es una península, con una mitad unida a tierra firme y la otra mirando al océano, una mitad conectada a la familia, a los amigos, a la cultura, a la tradición, al país, a la nación, al sexo y al lenguaje; y a muchos otros vínculos. Y la otra mitad deseando que la dejen sola contemplando al océano”.

Sin embargo, también existe la soledad no deseada, evitada, que nos hace sentir mal porque es involuntaria. A menudo existe una red social y a pesar de ello la persona sigue sintiéndose sola.

Ningún grupo de edad se libra de la soledad:

Los niños/as que se relacionan poco o mal con otros de su edad.

Los adolescentes que hacen un tránsito del desapego a su familia a las amistades de su grupo, en ocasiones pueden sentirse aislados o incomprendidos y no integrarse bien, sienten “no encajar”.

Los adultos con pocas habilidades sociales, no aprendidas en su infancia o juventud pueden buscar

Formas de evadirse, consumo de alcohol, drogas, ideas depresivas o de suicidio …

Personas mayores que debido al fallecimiento de su pareja, familiares, amigos se van quedando aisladas de su entorno y les resulta cada vez más difícil establecer nuevas relaciones.

Las consecuencias de una soledad que se mantiene en el tiempo pueden ser problemas de ansiedad, depresión, baja autoestima. Los sentimientos negativos afectan a otras áreas de la vida de la persona.

Descartando que en nuestra percepción de la soledad intervengan otros factores psicológicos que quizá no han sido diagnosticados y que quizá requieren de una análisis y diagnóstico por profesionales cualificados estaría bien revisar unas pautas sencillas que nos pueden ayudar a sobrellevar e incluso superar este modo de ver la soledad:

– Lo primero que debemos hacer es preguntarnos a nosotros mismos: “¿Qué es lo que quiero?”

Muchas personas aman la soledad y por supuesto eso no es malo.

En nuestra cultura se valoran mucho las relaciones sociales y querer estar a solas no es bien visto. Pero, ¿supone un problema para mí?

– Fíjate en tus hábitos, tus gustos.

Hay gente que se siente sola porque se ve diferente a los demás, no comparte su modo de vida.

Si el problema son los gustos, las aficiones, deberíamos buscar a esa gente que sí tiene ese algo en común.

– Cuando te encuentres mal busca siempre apoyo en los que te rodean, al hablar con un familiar o amigo rompemos ya esa soledad y nos sentimos aliviados. Hasta es posible que nos aporten otro punto de vista y posibles soluciones que nosotros no veíamos.

– Puede ser que te resulte lo más complicado: sal fuera, investiga tu entorno.

Debido a esta situación que vivimos actualmente puede que no sea fácil realizar actividades interesantes y sociales para potenciar la compañía. El aislamiento de estos últimos meses ha bajado nuestro nivel de energía.

Aprovecha las mejores horas del día para pasear, realizar ejercicio físico, disfrutar de la naturaleza que nos rodea, siempre con responsabilidad. Quizá no lo hacías antes y es una buena costumbre anímate a charlar un ratito con tus vecinos, aunque sea de asuntos triviales.

Por último, intenta mejorar tus habilidades sociales, a veces es tan importante lo que decimos como el modo en que lo decimos. Si crees que no eres capaz por ti mismo entrena estas habilidades con un especialista, aprende a ser más asertivo, más tú mismo . Aprende a aceptarte con tus logros y tus debilidades.