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Hola, ¿qué tal estás? Imagino que como todos en estas últimas semanas intentando sobrellevar tu vida con rutinas y procurando seguir con las medidas que esperemos nos lleven a protegernos del dichoso Covid-19.

Hoy toca hablar de cómo cada uno se maneja en esta pandemia siendo como es, con sus conductas, sentimientos, pensamientos y dentro de éstos: las opiniones, los valores y las creencias que ya desde la infancia en casa nos inculcaron y que después y siendo ya adultos forman parte de la identidad y la individualidad de cada uno.

Si nos fijamos en la definición de Autoestima: vemos que es el conjunto de sentimientos, pensamientos y conductas que hacen que una persona se considere digna de ser valorada y querida por sí misma, sin depender para ello de la valoración y el cariño de los demás.

Sin embargo, ante una misma situación cada persona siente, reacciona y piensa de modo diferente; es decir, actúa de acuerdo a la imagen que tiene de sí mismo, y por supuesto ésta depende de su autoestima.

Más de una vez hemos oído decir : Esa chica tiene una autoestima muy alta o aquel chico sufre porque tiene la autoestima muy baja. ¿Qué quieren decir estos términos exactamente?

Las personas que tienen una autoestima alta son personas seguras de sí mismas, que tienen la capacidad de vivir y disfrutar de su vida de una forma sana, manteniendo una actitud positiva ante los desafíos y los distintos retos que se les presentan en la vida.

Por el contrario, cuando falta autoestima o está en un nivel bajo la percepción que tenemos de nosotros mismos nos impide vernos como personas valiosas, y se tienen problemas de autoaceptación.

La autoestima no es un concepto estático, es una base para nuestro desarrollo como personas y para relacionarnos con los demás.

Según Bonet (1997) ,la autoestima está formada por las “siete aes”:

Aprecio de ti mismo, independientemente de tus capacidades, hechos o logros.

Aceptación con tolerancia de nuestras debilidades, errores y limitaciones.

Atención y cuidado de las necesidades reales, tanto físicas como psíquicas, intelectuales y espirituales.

Autoconsciencia y escucha a uno mismo. Tomar conciencia de nuestro mundo interior.

Apertura hacia los demás. Reconocer la existencia del otro, respetarla y afirmarla, tomando conciencia de que vivimos relacionándonos unos con otros.

Actitud positiva hacia uno mismo y los demás. Confiar en nuestra capacidad y la capacidad de los demás de afrontar las circunstancias.

De nuevo pienso en la situación que estamos viviendo y en cómo afecta a nuestras decisiones, nuestro comportamiento, nuestras vivencias y ahora más que nunca sería deseable contar entre nuestras herramientas con habilidades para mejorar esa aceptación interior. Todos tenemos nuestras fortalezas, recursos, capacidades,  necesidades y por qué no nuestras debilidades.

Es el momento de buscar aficiones, actividades que te hagan feliz, encontrarnos  a nosotros mismos. Cuidemos nuestra salud, nuestro aspecto físico, aprendamos un nuevo idioma o a tocar un instrumento.

Vivamos en el presente ya que cada día nos da una nueva oportunidad de vivir el aquí y ahora. Eso no significa que nos despreocupemos por el futuro o que desechemos el pasado, sino que “experimentemos las sensaciones que nos proporciona estar vivos”.

Procura tener una visión positiva al afrontar los problemas, muchas veces no nos damos cuenta y nuestras percepciones de la realidad están distorsionadas.

Sólo por citar algunas de las Distorsiones Cognitivas que nos acompañan en muchos de nuestros pensamientos y que identificaron Albert Ellis y Aaron Beck, dos prestigiosos psicoterapeutas que desarrollaron la terapia cognitiva y que observaron cómo dichas distorsiones se repetían durante su práctica clínica.

Pensamiento polarizado o dicotómico: consiste en interpretar las situaciones y juzgar a las personas de forma absoluta .Por ejemplo: “Siempre estoy sola”.

Personalización: consiste en pensar que toda la atención de los demás está puesta en uno/a mismo/a

Sobregeneralización: consiste en extrapolar conclusiones de un hecho particular a todas las situaciones en general. Por ejemplo: “Como una vez me choqué con un coche puedo ser un peligro al volante”.

Magnificación: consiste en sobredimensionar una situación o sensación.

Por ejemplo: “Esto es insoportable”.

Lectura de pensamiento: consiste en presuponer pensamientos o intenciones negativas de los demás, sin prueba alguna. Por ejemplo: “Seguro que se está riendo de mí”.

Todas estas distorsiones dan lugar a interpretaciones erróneas de la realidad, generan emociones desagradables y en muchos casos perjudican nuestra autoestima.

En conclusión, podemos cuidar nuestra autoestima prestando atención a nuestras creencias y siendo capaces de cuestionarlas. No seamos víctimas  de nuestras ideas y pensamientos, cuestionemos y si nos supera no dudemos en consultar con un especialista que nos ayude a ser capaces de reconocer y transformar nuestros pensamientos y creencias para dirigirnos a alternativas más enriquecedoras.