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Soy consciente de que en este momento, todos tenemos puesto el foco de atención en la problemática que nos envuelve y que además nos sobran motivos de preocupación, por eso esta reflexión trata de la atención y su cara opuesta: la distracción.

Para comenzar señalo que el proceso de atención es activo, dinámico y se caracteriza por ser interno, flexible: no es un proceso que se realice siempre de igual manera y depende de factores como por ejemplo, si la tarea es nueva o conocida.

Otra característica de la atención es que con la práctica se vuelve automática.

Además en el momento de prestar atención podemos discriminar qué información vamos a procesar.

La atención se relaciona con otros procesos psicológicos,  por ejemplo: percepción, emoción, inteligencia…

En especial, subrayo la relación que Roselló (1998) señaló entre atención, motivación y emoción desde un punto de vista neurobiológico. El Sistema Activador Reticular Ascendente, que activa el mecanismo atencional, establece estrechas relaciones neuroanatómicas con el Hipotálamo, que es el centro motivacional por excelencia, y forma parte del cerebro de las emociones al estar integrada en el sistema límbico. Los últimos estudios en neuroimagen indican la relación de la atención, la memoria de trabajo y la motivación con la dopamina.

La percepción de un estímulo que implica algún tipo de gratificación segrega una mayor liberación de dopamina, lo que a su vez hace que la corteza prefrontal preste más atención